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domingo, abril 09, 2006

Iduvina Hernández: luchar y sobrevivir, (2)


El motor de su vida


H
ernández Batres descubrió el periodismo en el exilio, en México, a donde fue a parar luego del asesinato de su esposo. Desde entonces el periodismo ha sido para ella “adrenalina, su motor de vida”. Esa misma adrenalina es la que la ha acompañado desde que entró al activismo público. El miedo al peligro siempre ha estado presente, pero no la ha paralizado y tampoco cuenta con mucho tiempo para pensar en ello, incluso desde su rol investigativo en la SEDEM. El reconocimiento y el espacio público ganado hasta hoy día es lo que cree la ha mantenido viva. Nunca antes, durante el conflicto armado hubiera podido ejercer un papel tan confrontativo y fiscalizador.



Como muchos otros jóvenes guatemaltecos, Hernández Batres comenzó su activismo cuando entró la universidad en 1975. “La efervescencia política era tan grande en Guatemala que era casi imposible no formar parte del movimiento estudiantil”, recordó. Desde entonces, sus estudios se intercalaron con denuncias, manifestasiones y la muerte. Todavía hoy día le provoca mucho dolor ver álbumes de fotografías donde son pocos los amigos de estudio y lucha que sobreviven, en otras estampas es ella la única que está con vida. “A mi se me parte el alma”, expresó sobre el particular. “Es un shock muy grande volver a ver las fotografías donde los hermanos que tú escogiste para la vida, te los han arrebatado de una manera brutal: están muertos o desaparecidos”, añadió.



Hernández Batres formó parte de la directiva del Movimiento Estudiantil Universitario en Guatemala. Era la tercera en mando, secretaria de finanzas. Cuando asesinaron al presidente y luego desapareció el vicepresidente, ella seguía el orden de sucesión. “Nos despertábamos cada día pensando quién sería el próximo”, recordó la periodista. De tanto que se mudó, ya no recuerda en qué lugares vivió. Ya ni siquiera desempacaba. “Había veces en las que yo no podía vivir más de tres meses en una casa”, señaló. Es durante esta época de corre y corre que decide no tener hijos. Ya había tenido dos abortos naturales de embarazos en avanzado estado y si decidía ir por un tercer embarazo eso representaría reposo total, y casi un año fuera de la actividad política, algo que no estaba dispuesta a seder. “En ese momento mi vida era trabajar por un cambio en Guatemala. Y yo no quería dejar solo a un hijo y tampoco quería ausentarme un año de la actividad [política] y tomé la decisión de no dejarle hijos al terror”, expresó. “Fue una opción de vida y me siento bien de haberla adoptado”, añadió Hernández Batres, quien dice que ha llenado ese vacío con sus cinco sobrinos.



Además de aprender a vivir con los sacrificios, se aprende a vivir con la culpa. “Esa es la otra parte de esta vida, la angustia de la culpa. Que les puedan hacer algo a tus seres queridos”, comentó. En 1984, cuando asesinaron a su esposo y Hernández Batres se fue al exilio, la vigilancia se posicionó en casa de primos y tíos, quienes también vivían huyendo y moviéndose de un lugar a otro. “Mi abuelita tuvo que dejar su casa, y siento que ese fue el momento en que comienza el declive en su vida. Yo guardo la sensasión de culpa de haber sido el desencadenante de ese deterioro”, recordó con tristeza. “Histórica y moralmente son cargas que tú llevas. Es un estrés que se va acumulando y que en mi caso llegó a un momento de clímax cuando el día que iban a dictar sentencia en un caso de extradicion en Guatemala me desmayé en la puerta de la Corte. El cardiólogo llegó a la conclusión que era estrés acumulado”, acotó.

Foto Cortesía Ricardo alcaraz

Continúa: Tolerancia a la violencia